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El taller que me cambió la forma de ver los proyectos

  • Foto del escritor: Ricardo Daniel Gutiérrez Vargas
    Ricardo Daniel Gutiérrez Vargas
  • 8 may
  • 3 min de lectura


Llevamos décadas hablando de gestión del cambio como si fuera un checklist. Como si con pegar carteles motivacionales por los pasillos, organizar un desayuno de integración y repartir camisetas con el logo del proyecto, la gente automáticamente abrazara lo nuevo y soltara lo viejo.


No funciona así. Nunca ha funcionado así.


Y lo sé porque lo he vivido. En ambos lados del escritorio.


He trabajado más de 18 años como consultor de implementaciones SAP y también, en algún momento de mi carrera, desde adentro, como manager en una organización que atravesaba exactamente ese tipo de proyectos que hoy ayudo a implementar. Esa doble perspectiva me cambió la forma de ver las cosas para siempre.


En todo ese tiempo he visto de todo: estrategias de change management que se quedaron en la presentación del kickoff, talleres obligatorios que la gente abandonaba a los 20 minutos, y comunicaciones corporativas tan genéricas que nadie leía. Pero también viví, de cerca, algo completamente distinto.


Una implementación en particular me marcó. No por la tecnología. No por el cronograma. Sino por cómo alguien, con mucha inteligencia y muy poco ego, decidió hacer las cosas diferente.


Se realizaron cuatro talleres. Pero no del tipo que ya conocemos. Estos tenían algo que casi nunca aparece en una metodología formal: trabajaban la parte humana. Control emocional, gestión de la incertidumbre, comunicación bajo presión. Conceptos que íbamos a necesitar durante todo el proyecto, presentados desde antes de que el proyecto siquiera empezara formalmente.


Y en uno de esos talleres pasó algo que recuerdo hasta hoy con claridad.


Nos pusieron a hablar de cuál era el área más importante de la organización.


Y claro, cada quien defendió lo suyo con la convicción que solo da el trabajo diario. Nómina decía: "Sin nosotros nadie cobra, esta empresa no se mueve." Ventas respondía: "Sin ingresos no hay empresa, punto." Sistemas no se quedaba atrás: "¿Y cómo controlan lo que venden sin nosotros?"


Todos tenían razón. Ese era el punto.


Porque cuando el facilitador dejó que la conversación llegara sola a esa conclusión, algo cambió en el ambiente. No fue un discurso. No fue una lámina de PowerPoint con un diagrama bonito de engranajes. Fue la propia gente dándose cuenta, en voz alta, de que todos eran necesarios. Que no había área prescindible. Que eran exactamente eso: engranajes de una misma maquinaria.

Y de ahí surgió algo todavía más importante.


Si todos dependemos de todos, entonces mis acciones no solo me afectan a mí. Afectan a otras áreas. Exponencialmente. Un dato mal capturado en una transacción de almacén puede generar un error en facturación que termina afectando el cierre financiero del mes. Una aprobación tardía puede detener una cadena entera de actividades que el usuario ni siquiera imagina que existen.


Ese momento de conciencia colectiva vale más que cualquier manual de usuario.


Pero hay otro elemento que hizo que estos talleres funcionaran y que, honestamente, pocas veces he visto replicado con éxito.


Los hicieron adictivos.


No exagero. Los participantes que completaban cada taller recibían una insignia visible. Calcomanías, bolígrafos de colores específicos, agendas. No cualquier cosa: objetos con diseño, con identidad, pensados como una colección. Cada nivel cubierto tenía su símbolo.


Y luego lo pusieron en los portales internos de la organización. Los que habían asistido aparecían con sus insignias. Los que no habían ido... veían lo que se estaban perdiendo.


¿El resultado? Los que ya habían asistido al primer taller no faltaron al segundo. No podían faltar: haberlo hecho significaba descompletar su colección. Y los que aún no habían ido empezaron a querer ir. No porque la empresa los obligara. Sino porque querían tener las insignias.


Simple. Humano. Extraordinariamente efectivo.


El change management mal aplicado es ruido. Genera gasto, crea falsa sensación de avance y deja a los equipos más agotados que comprometidos.



El change management bien aplicado, en cambio, especialmente en proyectos de implementación rápida como SAP S/4HANA Cloud, no es un complemento. Es la columna vertebral. Sin él, la tecnología llega, pero las personas no llegan con ella. Y una herramienta que nadie usa, o que todos usan mal, no transforma absolutamente nada.


En el siguiente artículo voy a hablar de las herramientas tecnológicas que aceleran las implementaciones de SAP Cloud ERP.


Y conforme me vayan acompañando en esta historia, van a ir entendiendo algo que me tomó años ver con claridad: cada pieza de este proceso encaja con las demás como si hubieran sido hechas a la perfección.


Porque en realidad, cuando se hace bien, así es exactamente como se siente.

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